Sergio Rubín es editor de religión en Clarín y tiene una vasta trayectoria en el seguimiento de los diferentes cultos y especialmente de la Iglesia católica, para numerosos medios periodísticos de la Argentina y de otros países. Realizó también la cobertura de varios viajes del papa Juan Pablo II y entrevistó a figuras relevantes de la iglesia en todo el mundo. Tiene un posgrado en deontología periodística en la Universidad de Navarra. Publicó numerosos libros sobre temas religiosos y políticos como “Secreto de Confesión”, “El Jesuita”, entre otros. En diálogo con Punto Uno, nos brindó su mirada sobre el Milagro.
¿Qué es lo que ve en este Milagro ?
Estoy recién llegado, pero la perspectiva es que va a venir mucha gente, que esto sigue en aumento. El hecho de que María Libia no haya suspendido el encuentro del sábado pude sumarle. Creo que el tema de las peregrinaciones de los
distintos pueblos es un fenómeno que viene creciendo por tanto yo creo que todo eso le suma. Hay que ver también como ha sido el crecimiento poblacional. Es un dato para tener en cuenta, pero lo que si podemos decir con toda contundencia es que es una procesión que se mantiene muy vital acá en Salta. Más allá del punto de vista cuantitativo,
la fiesta del milagro tiene un condimento cualitativo interesante que comienza tres meses antes de la procesión
¿Socialmente como la ubica a la procesión del Milagro?
Yo creo que es una de las grandes expresiones de la religiosidad popular de la Argentina. Para mi Salta es sin dudas la provincia más religiosa y más católica de la Argentina. Por lo tanto eso se vive aquí. Hay una religiosidad muy acentuada.
Es un fenómeno muy importante. La iglesia después tiene el desafío de continuarlo, poder contribuir a una mayor formación religiosa de los fieles, conducir bien este proceso. Pero evidentemente no se trata solo de un momento,
de una procesión, sino como vos decís, es toda una etapa previa, una novena ay una series de celebraciones que acompañan todo esto. Hay todo un momento solidario, estaba mirando la cantidad de gente que presta su casa para que duerman los peregrinos, los que organizan cenas y comidas para recibirlos, y la pagan de su propio bolsillo. Me parece que hay todo un movimiento religioso y de valores en torno a esto, que me parece que da todo un valor agregado muy importante. Si bien es cierto que el Milagro es una festividad penitente, cuando nosotros vemos llegar a los peregrinos, no vienen en una actitud penitente, sino de fiesta, de alegría
¿Ese también es un desafío para la iglesia? ¿Cambiar ese eje penitente por otro más alegre, más festivo?
A ver, que vengan en una actitud de alegría me parece muy bien, porque vienen al encuentro de la Virgen, vienen al encuentro del señor. Yo iría un poquito más atrás: que vengan me parece muy bien, y si vienen contentos mejor, por
supuesto que después viene el tema de saber darle a eso una profundidad religiosa. Eso es trabajo de la iglesia, de la iglesia jerárquica, de los sacerdotes, de los agentes de pastoral. Pero me parece que en el fondo de la gente la religiosidad está, yo no veo acá que vayan muy fuera de registro de lo que corresponde para una festividad religiosa. Me parece que se mantiene centralmente el espíritu de conexión con Dios, con Jesús, con la Virgen, y bueno, todo eso siempre se puede trabajar más, profundizar más.
¿Es bueno que el Señor y la Virgen del Milagro formen parte de la esencia de Salta?
A mí me parece muy bien. Creo que, en el caso de otros países donde el laicismo está muy fuerte, un desplazamiento de lo religioso al templo, a la vida privada, todo eso que se está dando, lleva a pensar: qué es lo religioso. Es meterle culpa a la gente, es sacarle plata ¿Qué cosa es? Y a mí me parece que lo religioso, ya visto en un sentido más amplio, es un bien social, es un bien para la sociedad, porque le aporta una serie de valores muy nobles. Entonces a mi me parece que eso es un valor muy positivo, ya sea uno católico o de otra religión o de ninguna. Ahí hay un aporte muy concreto a la
sociedad. Me parece que eso debe rescatarse. Por tanto me parece que para Salta eso es realmente muy bueno. En la medida en que lo religioso no invada las esferas que no corresponde. Es decir, el estado es el estado, nadie pide acá que la iglesia domine al estado o que quiera, digamos controlar a toda la sociedad salteña. Si bien es cierto que si la mayoría de los salteños son católicos, también deben respetar a la otra parte que puede ser el 1% o también pueden ser católicos que no observen tanto. Pero no pueden invadir el terreno civil. Tienen todo el derecho a proclamar lo que piensan y
a trabajar para que eso se cumpla y anhelar que todo eso se cumpla. Me parece muy importante que realmente las buenas cosas se den, pero en un clima siempre respetuoso de la libertad de todos.
¿La iglesia puede opinar?
Por supuesto, no solamente puede opinar, debe opinar, le corresponde opinar, tiene el derecho de opinar como cualquier otro sector. Y me parece que acá se da una muy linda integración en Salta. Yo no le buscaría la quinta pata a la cuestión, porque justamente en Salta no es ese el problema. Quizás se podría discutir más en Buenos Aires, o en otros países. Pero en Salta yo creo que se está dando una muy linda convivencia. Me parece que la gente vive en general muy bien la religión, que hay armonía con la sociedad civil. Por tanto me parece que no es este el caso. Ustedes tienen un valor realmente digno de destacar.
¿Cuál fue el legado que dejó Juan Pablo Segundo?
Me parece que el legado que él deja, sobre todo a través de los viajes, es el de que los católicos salgan al mundo. Salgamos de la sacristía, del templo y vayamos al encuentro del mundo. Realmente ese es el gran mensaje de Juan Pablo cuando sale porque él no se quiere encerrar en las paredes de la iglesia, él quiere salir al encuentro del mundo. Hoy en un medio más adverso, los medios de comunicación no ayudan mucho. Hay una cultura dominante donde lo religioso está bastante relegado. Como decíamos hace un rato: hay quienes quieren relegar lo religioso al templo. Me parece a mí que el gran desafío es salir al encuentro ¿Y cómo salir al encuentro? De una manera por supuesto que logre
entusiasmar a los otros. Porque se trata de hacer en un clima de libertad que logre entusiasmar al otro con ese mensaje que uno tiene.
¿Es difícil ser el sucesor de Carlos Wojtyla?
Sí, yo creo que sí, porque era una especie de Maradona: era actor, era poeta, era deportista, tenía carisma.
Y el carisma es una cosa que no se aprende en ninguna universidad. Por tanto yo te diría que a veces las comparaciones son odiosas. Y particularmente en este caso. Pero yo creo que éste es un teólogo muy destacado. Podrá gustar o no su línea, pero es un hombre de una enorme preparación, de una enorme apertura al diálogo con la cultura. Me parece
a mí que está haciendo él también su aporte propio en un periodo de grandes transformaciones.
Estoy recién llegado, pero la perspectiva es que va a venir mucha gente, que esto sigue en aumento. El hecho de que María Libia no haya suspendido el encuentro del sábado pude sumarle. Creo que el tema de las peregrinaciones de los
distintos pueblos es un fenómeno que viene creciendo por tanto yo creo que todo eso le suma. Hay que ver también como ha sido el crecimiento poblacional. Es un dato para tener en cuenta, pero lo que si podemos decir con toda contundencia es que es una procesión que se mantiene muy vital acá en Salta. Más allá del punto de vista cuantitativo,
la fiesta del milagro tiene un condimento cualitativo interesante que comienza tres meses antes de la procesión
¿Socialmente como la ubica a la procesión del Milagro?
Yo creo que es una de las grandes expresiones de la religiosidad popular de la Argentina. Para mi Salta es sin dudas la provincia más religiosa y más católica de la Argentina. Por lo tanto eso se vive aquí. Hay una religiosidad muy acentuada.
Es un fenómeno muy importante. La iglesia después tiene el desafío de continuarlo, poder contribuir a una mayor formación religiosa de los fieles, conducir bien este proceso. Pero evidentemente no se trata solo de un momento,
de una procesión, sino como vos decís, es toda una etapa previa, una novena ay una series de celebraciones que acompañan todo esto. Hay todo un momento solidario, estaba mirando la cantidad de gente que presta su casa para que duerman los peregrinos, los que organizan cenas y comidas para recibirlos, y la pagan de su propio bolsillo. Me parece que hay todo un movimiento religioso y de valores en torno a esto, que me parece que da todo un valor agregado muy importante. Si bien es cierto que el Milagro es una festividad penitente, cuando nosotros vemos llegar a los peregrinos, no vienen en una actitud penitente, sino de fiesta, de alegría
¿Ese también es un desafío para la iglesia? ¿Cambiar ese eje penitente por otro más alegre, más festivo?
A ver, que vengan en una actitud de alegría me parece muy bien, porque vienen al encuentro de la Virgen, vienen al encuentro del señor. Yo iría un poquito más atrás: que vengan me parece muy bien, y si vienen contentos mejor, por
supuesto que después viene el tema de saber darle a eso una profundidad religiosa. Eso es trabajo de la iglesia, de la iglesia jerárquica, de los sacerdotes, de los agentes de pastoral. Pero me parece que en el fondo de la gente la religiosidad está, yo no veo acá que vayan muy fuera de registro de lo que corresponde para una festividad religiosa. Me parece que se mantiene centralmente el espíritu de conexión con Dios, con Jesús, con la Virgen, y bueno, todo eso siempre se puede trabajar más, profundizar más.
¿Es bueno que el Señor y la Virgen del Milagro formen parte de la esencia de Salta?
A mí me parece muy bien. Creo que, en el caso de otros países donde el laicismo está muy fuerte, un desplazamiento de lo religioso al templo, a la vida privada, todo eso que se está dando, lleva a pensar: qué es lo religioso. Es meterle culpa a la gente, es sacarle plata ¿Qué cosa es? Y a mí me parece que lo religioso, ya visto en un sentido más amplio, es un bien social, es un bien para la sociedad, porque le aporta una serie de valores muy nobles. Entonces a mi me parece que eso es un valor muy positivo, ya sea uno católico o de otra religión o de ninguna. Ahí hay un aporte muy concreto a la
sociedad. Me parece que eso debe rescatarse. Por tanto me parece que para Salta eso es realmente muy bueno. En la medida en que lo religioso no invada las esferas que no corresponde. Es decir, el estado es el estado, nadie pide acá que la iglesia domine al estado o que quiera, digamos controlar a toda la sociedad salteña. Si bien es cierto que si la mayoría de los salteños son católicos, también deben respetar a la otra parte que puede ser el 1% o también pueden ser católicos que no observen tanto. Pero no pueden invadir el terreno civil. Tienen todo el derecho a proclamar lo que piensan y
a trabajar para que eso se cumpla y anhelar que todo eso se cumpla. Me parece muy importante que realmente las buenas cosas se den, pero en un clima siempre respetuoso de la libertad de todos.
¿La iglesia puede opinar?
Por supuesto, no solamente puede opinar, debe opinar, le corresponde opinar, tiene el derecho de opinar como cualquier otro sector. Y me parece que acá se da una muy linda integración en Salta. Yo no le buscaría la quinta pata a la cuestión, porque justamente en Salta no es ese el problema. Quizás se podría discutir más en Buenos Aires, o en otros países. Pero en Salta yo creo que se está dando una muy linda convivencia. Me parece que la gente vive en general muy bien la religión, que hay armonía con la sociedad civil. Por tanto me parece que no es este el caso. Ustedes tienen un valor realmente digno de destacar.
¿Cuál fue el legado que dejó Juan Pablo Segundo?
Me parece que el legado que él deja, sobre todo a través de los viajes, es el de que los católicos salgan al mundo. Salgamos de la sacristía, del templo y vayamos al encuentro del mundo. Realmente ese es el gran mensaje de Juan Pablo cuando sale porque él no se quiere encerrar en las paredes de la iglesia, él quiere salir al encuentro del mundo. Hoy en un medio más adverso, los medios de comunicación no ayudan mucho. Hay una cultura dominante donde lo religioso está bastante relegado. Como decíamos hace un rato: hay quienes quieren relegar lo religioso al templo. Me parece a mí que el gran desafío es salir al encuentro ¿Y cómo salir al encuentro? De una manera por supuesto que logre
entusiasmar a los otros. Porque se trata de hacer en un clima de libertad que logre entusiasmar al otro con ese mensaje que uno tiene.
¿Es difícil ser el sucesor de Carlos Wojtyla?
Sí, yo creo que sí, porque era una especie de Maradona: era actor, era poeta, era deportista, tenía carisma.
Y el carisma es una cosa que no se aprende en ninguna universidad. Por tanto yo te diría que a veces las comparaciones son odiosas. Y particularmente en este caso. Pero yo creo que éste es un teólogo muy destacado. Podrá gustar o no su línea, pero es un hombre de una enorme preparación, de una enorme apertura al diálogo con la cultura. Me parece
a mí que está haciendo él también su aporte propio en un periodo de grandes transformaciones.
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